2.2.11
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30 de junio de 1997. Me levanto de la cama con una sensación indescriptible: después de 5 años de sufrimiento, de partidos a las 12 de la mañana, de visitas a campos inhóspitos, volvíamos a ser de Primera División. Y es que la noche anterior, en Vallecas, se produjo el ansiado ascenso, el mismo que se había frustrado en idéntico escenario 12 meses atrás por culpa de los postes y de un tal Onésimo Sánchez. Pero esta vez sí, el éxtasis invadió toda la isla y se forjó un poco más la leyenda del mallorquinismo, sobre todo cuando el menudo Carlos Domínguez remataba a la red un sensacional servicio de Stankovic desde la banda izquierda. Pero bueno, no nos desviemos. El 30 de junio de 1997 los medios de comunicación de la isla sólo hacían referencia al partido y al significado de ese ascenso. Pero alguno de ellos (como el diario As), adelantaba los dos primeros fichajes que el doctor Beltrán tenía atados para preparar el asalto a la máxima categoría del balompié nacional: un delantero argentino (Gabriel Omar Amato) y un mediapunta canario (Juan Carlos Valerón). Cuando leí esos nombres, no pensaba que estaban ante mis ojos los nombres de dos de los mejores futbolistas que han vestido la camiseta rojilla en toda la historia. Pero del argentino ya hablaremos en otro momento. Hoy he decicido escribir sobre don Juan Carlos Valerón, un futbolista en mayúsculas, tan genial e incomparable como tímido y frágil en su apariencia física.
Y eso que Valerón estaba llamado a ser un actor secundario en la temporada del reestreno en la máxima categoría. Para la posición de mediapunta había aterrizado en la isla, como buque insignia del proyecto, el internacional brasileño Jorge Ferreira da Silva “Palhinha”. Sin embargo, en la primera jornada de aquella inolvidable Liga, en partido disputado el día 31 de agosto de 1997, el Mallorca se enfrentó al Valencia de Valdano (con gente como Zubizarreta, Djukic, Carboni, Gerard, Musa Saib, Marcelinho Carioca, el “Burrito” Ortega o Goran Vlaovic)y, tras una primera parte en la que “Palhinha” dejó patente que le faltaba un mundo para tener la preparación física idónea para competir al máximo nivel, saltó al campo don Juan Carlos Valerón. En ese momento, pocos de los que estábamos en el campo podíamos imaginar que estábamos a punto de asistir a la primera de las clases magistrales con las que nos iba a deleitar a lo largo de todo el Campeonato. Le bastaron unos pocos minutos para impartir magisterio y dejar en evidencia a la línea defensiva valencianista, gracias a su versatilidad y a sus demoledores pases entre líneas. Pero la culminación a su ilusionante debut llegó en el minuto 86, cuando se internó por la izquierda en el área rival y lanzó un pase de la muerte, que fue desviado a la red de su propia portería por el central Cáceres, ante la incredulidad de Andoni Zubizarreta. Era el gol que suponía la victoria del Mallorca (2-1) y, por tanto, los primeros 3 puntos de la temporada. Como ya he comentado, era el principio de un año mágico, cargado de momentos emotivos y de tardes de buen fútbol en el vetusto Lluís Sitjar. En aquella temporada, Valerón disputó un total de 36 partidos (32 de ellos como titular) y marcó 3 goles. Pero, sin duda, hay que detenerse en el día 9 de noviembre (jornada 10ª) y en el minuto 53 del partido Mallorca – Athletic de Bilbao. Con 3 a 0 en el marcador a favor del conjunto rojillo, el mediapunta canario se internaba en el pico del área rival, escorado a la izquierda del ataque bermellón, se deshacía con sendos toques sutiles de Larraínzar y de Ferreira (si mi memoria no me falla), quedando mano a mano frente al portero Valencia, al que dribló de forma insultante, para empujar el balón a la red, completando una jugada de fantasía como nunca antes se había visto (al menos, desde que tengo uso de razón). Si algún afortunado aún no sabe de qué estoy hablando, al final de la entrada figura el enlace para disfrutar con esa obra de arte. Posiblemente ese día los mallorquinistas empezamos a tener claro que teníamos en nuestra plantilla a un diamante en bruto que, lamentablemente, nos iba a durar muy poco. Es curiosa la relación que se estableció entre el Mallorca y el Athletic de Bilbao en esa temporada. A la dolorosa goleada que les propinamos en el citado partido de Liga, hay que añadir la eliminación de la Copa del Rey en cuartos de final, tras un partido de vuelta de infarto resuelto a favor del Mallorca gracias a un gol de carambola de Jovan Stankovic. Y todo ello, en el año del centenario del club vizcaíno, lo que motivó la ofuscación de su entrenador (el carismático Luis Fernández) y la desilusión de toda su afición.
En definitiva, Juan Carlos Valerón llegó a la isla tímidamente pero se convirtió en un auténtico descubrimiento, en el toque de fantasía del rocoso Mallorca de Héctor Cúper, en una pieza indispensable para explicar la gran temporada que realizó el equipo, con el subcampeonato de Copa del Rey (en aquella mítica final disputada en Mestalla frente al Barcelona, recordada por el expolio que sufrimos de manos del árbitro Daudén Ibáñez y en la que, por desgracia, no se pudo ver al mejor Valerón, que acabó siendo sustituido en la segunda mitad) y un más que meritorio quinto puesto en Liga (el equipo llegó a la última jornada con posibilidades de alcanzar el subcampeonato). A nivel particular, Juan Carlos Valerón consiguió el premio al mejor futbolista debutante en Primera División. Sin duda, un colofón mayúsculo a una temporada para enmarcar.
Sin embargo, a los pocos días de finalizar la Liga 1997/98, a las puertas del inicio del Mundial de Francia, saltó la noticia del acuerdo que habían alcanzado Mallorca y Atlético de Madrid para el traspaso conjunto de Óscar Mena y Juan Carlos Valerón, por una cantidad cercana a los 1.000 millones de las antiguas pesetas. Sin duda, una gran operación desde el punto de vista económico, pero una auténtica lástima para la retina del mallorquinismo, que perdía la fantasía y el talento con los que había disfrutado meses atrás. En el conjunto colchonero no rindió al nivel esperado y acabó descendiendo a Segunda División. Pero ese descenso le acabaría ayudando, puesto que fue vendido al Deportivo de La Coruña (junto al cancerbero Molina y al lateral Capdevila), donde sí confirmaría (y de qué manera) sus condiciones, alcanzando la internacionalidad absoluta. Pero que a nadie se le olvide que fue en Mallorca donde Juan Carlos Valerón empezó sus pasos en Primera División y donde empezó a forjar su leyenda. Con la humildad de siempre, sin alzar la voz, silenciando a las multitudes con su inagotable talento. Es un orgullo que un futbolista como él haya vestido (aunque sólo fuera durante un año) la camiseta de nuestro querido Real Mallorca. Sin duda.

http://www.youtube.com/watch?v=aQb_38GVtA4

4 comentarios:

  1. Muy buen artículo!
    Que grande fue y aún es Valerón, tiene una técnica exquisita, algunos del Barcelona o Madrid ya la querrían...

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  2. Un magnifico futbolista. Es una pena que estuviese tanto tiempo parado, pero aun así no aprendido la magia, el toque, que le llevo a ser uno de los mejores centrocampista de los 90 y de esta primera década.

    Gran articulo!!!

    Saludos desde El Rincón Del Deporte

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  3. gran artículo,sólo he echado en falta recordar el matiz de que con él llegó su hermano miguel ángel(en teoría, el bueno de los dos).grande este obiku,se ve que toca mejor el teclado que el balón

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  4. Amigo mallorquinista, siento decirte que Valerón dio sus primeras lecciones magistrales en el club de su tierra y de sus amores: la UD Las Palmas (fuente de inagotables talentos)así que, valorando su aprecio al genio grancanario, debo rectificarle acerca del club y afición a las que deleitó en primer lugar: esos fueron los de la UD Las Palmas.

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